Chofer realiza maniobra extrema por ataque paranormal


Una sustancia nebulosa choca contra el vehículo y parece penetrarlo, haciendo que el conductor pierda el control. Hay quien describe lo sucedido como una ‘aparición fantasmagórica.
Vemos cómo un taxi es seguido de cerca por otro coche, en el que parece que fuéramos sentados nosotros, como espectadores de lujo, pues es desde este segundo coche desde donde se graba la escena. Los dos vehículos están recorriendo unas calles desiertas, de lo que parece una zona residencial, a juzgar por su angostura y los garajes y viviendas que jalonan la oscura calle. De repente y sin que se entienda muy bien lo que está ocurriendo, un rayo de luz proveniente del suroeste respecto de nuestro campo de visión, parece golpear el taxi, penetrando en su interior. El momento es espeluznante y viene acompañado por los gritos de su conductor. A este primer fogonazo proveniente del cielo, le siguen otros chispazos más, ya desde dentro del habitáculo, como si fueran flashes de una cámara. El suceso tiene un impacto tan grande en el conductor que el coche comienza a hacer eses bruscamente, saliéndose de la carretera, estando incluso a pocos metros de estamparse contra un árbol.

Los hechos supuestamente paranormales siempre han llamado la atención de manera mayúscula del ser humano. Han motivado su estudio y difusión, por el hecho de pertenecer a una clase de experiencias que no pueden ser explicadas por la ciencia. Tanto es así que su interés va en aumento cuanto más lejos llega la ciencia y sin embargo sigue sin poder determinar y dilucidar su razón de ser.

La definición más aceptada para describir estas situaciones es la de James E. Alcock que dice que un fenómeno paranormal existe cuando:

No ha sido explicado en términos de la ciencia actual.
Únicamente se puede explicar mediante una amplia revisión de los principios de base de la ciencia.
No es compatible con la norma de las percepciones, de las creencias y de las expectativas referentes a la realidad.
Creámoslo o no, lo cierto es que mientras no venga un experto en materia audiovisual que pueda razonar la falsedad del vídeo, mediante una explicación técnica, el susto está servido.

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